La historia del Museo de la Tècnica de l’Empordà comenzó una mañana de domingo, de hace treinta años. Aquel día, Pere Padrosa salió a pasear sin rumbo fijo. Sus pasos le llevaron hasta el mercadillo que se celebra, en Figueres, los primeros domingos de mes. Tal vez, miraba sin ver hasta que se fijó en una vieja máquina de escribir. Regresó a casa, y dedicó la tarde a arreglar y limpiar aquel tesoro, una Erika portátil de 1910, fabricada en Dresde.
Desde entonces, a aquella máquina de escribir se han sumado máquinas de coser, relojes, teléfonos, estufas y otras muchas máquinas de escribir, entre otros objetos. Aquella mañana se inició una colección que hoy está expuesta en su propio museo.
Un museo, fruto de una pasión compartida. Pere Padrosa ha tenido en Margarida Pierre, su esposa y su mejor cómplice. Juntos han recorrido kilómetros y kilómetros por ferias y mercados.
Las piezas expuestas en el museo forman parte del fondo del mismo. Este fondo, completa una de las mejores colecciones de las dedicadas a las máquinas que simbolizan el tiempo de la Revolución Industrial.