Hubo un tiempo en que cambió la vida. En aquella época, el progreso científico y técnico propiciaron la Revolución Industrial. Una visita atenta por el Museo de la Tècnica de l’Empordà es un reencuentro con ese período.
El automóvil, el motor de cuatro tiempos y el de gasolina, el fonógrafo, el teléfono, las máquinas fotográfica son inventos que abarcan el siglo XIX en su totalidad. Las máquinas de escribir y coser, aunque nacidas en el siglo XVIII, su posterior evolución se produce en la centuria del diecinueve.

Un recorrido por la planta baja del museo, nos lleva a los primeros tiempos de esos inventos. Y, a los primeros pasos de su evolución.
El motor de gasolina, inventado por Daimler/Maybach o el motor de cuatro tiempos, inventado por Otto, en 1876, son sin duda inventos del diecinueve. El Museo de la Tècnica de l’Empordà exhibe una joya del automóvil, un Hispano Suiza de principios del siglo XX.
Unos pasos más allá del Hispano, en la planta baja, se exponen, a modo de introducción, unos cuantos relojes Morez Comptoise: su mecanismo sencillo y lento, todavía, miden nuestro tiempo complicado y rápido.
Centralitas telefónicas. Una cámara de diapositivas, precursora de la cámara de cine junto a una cámara fotográfica. Pequeños utensilios que hacen más cómoda la vida. Una afiladora de hojas de afeitar. Fonógrafos. Receptores de radio... y, un sinfín de objetos que narran por sí mismos la transición del dominio de la mecánica a los primeros balbuceos de la tecnología de la información y el conocimiento.
En un falso altillo, camino del acceso al primer piso, un cristal transparente desvela una colección de estufas de hermosa factura. Obras de arte para el arte de contar historias al amor de la lumbre.
Entre piso y piso y en los descansillos de la escaleras, pósters publicitarios invitan al viaje a lugares, entonces, lejanos y exóticos. Emblemas de marcas de máquinas o un cuadro donde se leen unas draconianas normas laborales.

Al llegar a la primera planta, la mirada se pierde en el todo de la sala: en su centro máquinas de coser con sus muebles. Una pared decorada con relojes Morez Comptoise y paredes forradas de fotografías que completan el testimonio del trabajo en aquellos tiempos modernos.
En dos salas contiguas se exponen esas máquinas de coser que se han mantenido casi sin estrenar a lo largo del tiempo, aquellas máquinas que simbolizaron el poder adquisitivo de sus dueños.
La máquina de coser bien podría ser el icono de la metamorfosis de nuestras ciudades. Las humildes máquinas de coser posibilitaron el crecimiento de la industria textil, fueron la puerta de acceso de las mujeres al mundo laboral y, en el ámbito doméstico posibilitaron ingresos extras y la confección del vestuario familiar.
En aquellas máquinas, arte y ciencia, técnica e ingeniería se unieron para ajustar la creatividad humana a una necesidad práctica.
La segunda planta esta dedicada a la máquina de escribir. A su evolución. A los muebles que las sustentaron, a los pupitres donde los estudiantes de mecanografía practicaban hasta llegar a tantas pulsaciones por minuto que daba vértigo.
Grandes máquinas estandarizadas. Pequeñas máquinas portátiles que llevaron a periodistas y escritores a las trincheras. Máquinas para descifrar mensajes. Máquinas que permitieron a los invidentes expresarse por escrito y aprender a leer.
Colecciones de máquinas de escribir dentro de una colección.
Máquinas de escribir, en suma, que son las causantes de una pasión que ya dura treinta años y que el visitante de esta página web, escrita y diseñada en un ordenador que consta, además de un lápiz gráfico con el que diseñar, un ratón electrónico y un teclado alfabético dispuesto al igual que el de una máquina de escribir.
Máquinas de escribir que han sido el vehículo para que el papel escrito e impreso llegará a ser la materia prima que movía el mundo: en papel se hacían las transacciones, en papel notarial se notifica la compra o venta de los bienes importantes. ¿Se hacían o se hacen?
Estos tiempos de cambio, prosiguen por la senda de ese tiempo detenido y expuesto en este Museo de la Tècnica de l’Empordà.